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La teoría de números y las cigarras periódicas

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
Las cigarras periódicas americanas
tienen el ciclo vital más largo de
todos los insectos conocidos, pues

puede llegar a ser de hasta 17 años. ¿Será una mera casualidad que, en
todos los casos, el periodo se ajuste
a un número primo o habrá alguna

causa oculta que lo explique?
En el mes de julio el verano se encuentra en todo su apogeo y, poco a poco, el verde intenso que meses atrás decoraba nuestros montes y baldíos, se ha ido trocando en el amarillo pajizo de los tallos agostados por la fuerte insolación. En las horas centrales del día, cuando más fuerte es la canícula, parece como si la vida toda contuviera el aliento en espera del frescor de la tarde. Y, sin embargo, algunos atrevidos optan por desarrollar una frenética actividad y hacer partícipe de ella a todo el bicherío viviente en un radio de muchos metros a la redonda. Durante las horas de sol, en las parameras ibéricas resuena un insistente chirrido, mediante el cual los machos de las cigarras lanzan con insistencia su llamada, antigua como el tiempo, para entregarse a las nupcias estivales. En ocasiones el sonido es tan intenso que resulta particularmente irritante, incluso para los habitantes de un país que ostenta el dudoso honor de ser el segundo más ruidoso del mundo. Y, sin embargo, aun podría ser peor. El récord mundial de insecto escandaloso lo esgrime la cigarra africana Brevisana brevis, cuyo canto alcanza la friolera de 107 decibelios a una distancia de 50 centímetros, peligrosamente cerca de los 130 decibelios que constituyen el límite doloroso para el oído humano.

El récord de longevidad
de las cigarras periódicas

El canto es sin duda la característica más afamada de las cigarras, la que desde siempre ha despertado la curiosidad de propios y extraños, pero en absoluto la más enigmática. Allende los mares, las cigarras periódicas americanas (Magicicada septendecim) tienen el ciclo de vida más largo de todos los insectos conocidos, con una duración de 17 años. De hecho, el nombre latino de la especie –septendecim– alude a este rasgo. Durante esos 17 años las ninfas viven bajo tierra, alimentándose del jugo de las raíces de los árboles, hasta que cumplido el plazo emergen las cigarras adultas, llenan el paisaje, se aparean, ponen los huevos y mueren. El acontecimiento ha tenido lugar precisamente este año y durante varias semanas, a caballo entre la primavera y el verano, los asombrados habitantes del este de Estados Unidos han visto poblarse sus campos de una ruidosa multitud de cigarras surgidas de la nada. Otra pariente próxima es M. tredecim, con un ciclo de vida similar pero de “sólo” 13 años.

Para explicar la ventaja adaptativa de un ciclo de vida tan largo, algunos ecólogos han apuntado la siguiente hipótesis. Cuando emergen las cigarras adultas, en concentraciones de 45.000 a 65.000 individuos por hectárea en los años punta, sus depredadores disponen de una gran cantidad de alimento. Pero se trata de una fuente muy esporádica, que sólo dura unas semanas y no vuelve a aparecer hasta pasados varios años. Por lo tanto, los depredadores han de buscarse una fuente alimenticia suplementaria, lo que favorece que cuando las cigarras vuelvan a emerger años después sufran una presión de depredación inferior a la que sería de esperar. Pero si esto fuera así, la estrategia funcionaría igual de bien si en lugar de 13 y 17 años el ciclo vital durase 14, 15 ó 16 años. ¿Qué tienen en común los números
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