Transformar masas uniformes y homogéneas, muy vulnerables ante el cambio climático, en ecosistemas diversos y resilientes, con mejores perspectivas de futuro. Ese ha sido el objetivo de un proyecto LIFE que, durante cuatro años, ha diseñado y ensayado estrategias realistas y factibles para su aplicación en nuestros bosques mediterráneos.
Por Equipo LIFE RedBosques_Clima
En uno de sus cuentos forestales, el ingeniero de montes Ricardo Codorníu imaginaba la vida de un arbolito en tiempos de cambio. A su desarrollo favorable, a pesar de un clima propenso a extremos como el nuestro, ayudaban “los grandes árboles próximos”, que le “resguardaban de los ardientes rayos del sol” y conservaban “una atmósfera húmeda que convenía a su vida”. Convertido, muchas décadas después, en un gigante del bosque, el protagonista de este cuentecillo, publicado por Codorníu en 1914, acaba sucumbiendo a las transformaciones desatadas por los humanos. En “la base de la montaña se aclaraban los árboles” y, a medida que “los claros iban ascendiendo y se convertían en calveros”, el verano “se hacía abrasador”. Aunque “cerraba las boquitas de los numerosos estomas de sus hojas, para disminuir la transpiración, apenas podía defenderse de los ardores estivales”.
Las relaciones entre bosques y clima siempre han estado en el centro del pensamiento forestal. Pero la capacidad moderadora y resiliente que de antiguo se atribuye al arbolado, a condición de que esté bien conservado, adquiere hoy una importancia si cabe mayor ante los retos acuciantes del cambio climático. Durante sus cuatro años de actividad, el proyecto LIFE RedBosques_Clima ha partido de esta convicción para identificar los rasgos y las propiedades que contribuyen a que nuestros bosques mediterráneos estén mejor preparados para afrontar el cambio climático. A partir de ahí, se ha tratado luego de definir y ensayar las estrategias y medidas concretas que puedan favorecer esa adaptación.
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Fundación Fernando González Bernáldez (Fungobe)
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