Es una tradición antiquísima que en los monasterios de la orden franciscana se cultive una zarza singular, una zarza sin espinas. Lo hacen en recuerdo de un milagro atribuido a su fundador, San Francisco de Asís, considerado el patrón de la naturaleza y de todos cuantos la defienden.
Por Pablo Ferrer-Gallego, Emilio Laguna y Abraham van de Beek
Según la tradición religiosa, San Francisco de Asís (1181-1226) se arrojó desnudo sobre una zarza como acto de penitencia por sus pecados. Entonces se obró el milagro: la planta se despojó de sus espinas. Las pocas gotas de sangre que manaron de su cuerpo se convirtieron en las flores y los frutos de la mata, que han sido interpretados simbólicamente como rosas y moras de la zarza. Este episodio milagroso ha sido representado a lo largo de los siglos en diversas manifestaciones artísticas, tanto en pintura o teatro como en poesía y música.
Tan singular zarza ha sido propagada desde entonces por los conventos franciscanos y de monjas clarisas, la rama femenina fundada por Santa Clara de Asís (1194-1253), desde donde se extendió por toda Europa y, con el tiempo, también al continente americano. No deja de ser asombroso imaginar los largos periplos que pudo suponer, en plena Edad Media, el traslado de esta planta entre regiones tan distantes.
La tradición también atribuye un milagro similar e incluso anterior a San Benito de Nursia (480-547) y existen registros del cultivo de zarzas sin espinas en monasterios benedictinos, como el de San Julián de Samos, en la provincia de Lugo. A lo largo de los siglos, se han atribuido también milagros similares a franciscanos relevantes que han generado versiones regionales del relato original. En Montilla (Córdoba), por ejemplo, se conserva la llamada Zarza de San Francisco Solano (1549-1610), con una leyenda popular prácticamente idéntica a la de San Francisco de Asís.
AUTORES:
Pablo Ferrer Gallego es doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Valencia. Trabaja en el Centro para la Investigación y Experimentación Forestal (CIEF), dependiente en parte del Servicio de Vida Silvestre y Red Natura 2000 de la Generalitat Valenciana, donde se interesa por la conservación de la flora, la nomenclatura botánica, la florística y la taxonomía de plantas vasculares.
Emilio Laguna Lumbreras es doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Valencia y ha trabajado durante casi cuatro décadas en la Generalitat Valenciana. Básicamente como técnico en los programas de conservación de flora y en la red de microrreservas del Servicio de Vida Silvestre y Red Natura 2000, pero también como director del CIEF.
Abraham van de Beek es doctor en Botánica con una tesis sobre el género Rubus en los Países Bajos. Contribuyó a la investigación de este género mediante la publicación de numerosos artículos, una monografía y un sitio web. Su ocupación principal se desarrolla en el campo de la teología, especialidad en la que se graduó en 1980. Tras su jubilación, continúa con sus investigaciones en teología y botánica.
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Pablo Ferrer Gallego
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