Nadar contra corriente ha sido desde siempre uno de los rasgos más definitorios de Quercus. La propia existencia de la revista, que cumplió 44 años el pasado mes de diciembre, no deja de sorprender en un entorno que resulta intuitivamente extraño. Cualquiera que se asome a los medios de comunicación o a las redes sociales percibe con diáfana claridad que nuestros contenidos, nuestros argumentos, son meras rarezas, curiosidades dentro de la avalancha diaria de lo que antes se conocía como bits de información. Sin entrar a considerar si es buena o mala. Da igual, estamos hablando de cantidad, no de calidad. Dentro de ese marasmo que fluye en contra, Quercus es una isla habitada por el rigor informativo, la mejor ciencia posible y las herramientas necesarias para aplicarla. Lo que aparece en sus páginas es más que razonable, ponderado y sensato. Pero tiene un efecto limitado. Ahí está, sin ir más lejos, el largo esfuerzo por hacer compatible el cultivo del olivo con una pujante vitalidad animal y vegetal, mantener la biodiversidad sin que se resienta la cosecha de aceituna. Una idea buenísima que se encargó de defender la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) a través del proyecto LIFE Olivares Vivos y que luego han remachado desde otros sectores, como puede apreciarse en el artículo que firman cuatro científicos de diferentes procedencias en este número de la revista (págs. 18-25), apoyados por el delegado territorial de SEO/BirdLife en Andalucía. Tras años de minucioso trabajo de campo, hay evidencia de que las enseñanzas obtenidas a través de ese LIFE son útiles y pueden aplicarse en miles y miles de hectáreas de olivar. Sin perjuicio para nadie, en beneficio de todos. ¿Entonces?
Ahora resulta que las medidas agroambientales de la PAC son un lastre para la producción, un laberinto administrativo y hasta una traba en un mundo cada vez más competitivo. Que se lo pregunten a los agricultores que al cierre de este número de la revista se estaban manifestando en contra del reciente acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea. Esa misma Unión Europea que financió durante años el LIFE Olivares Vivos, un dinero que, siempre nadando contra corriente, parece muy bien invertido. Otro proyecto LIFE, también coordinado por SEO/BirdLife, apunta en el mismo sentido y busca armonizar los amplios cultivos de secano en régimen extensivo con la supervivencia de las aves esteparias. Arrancó en 2021 y su ámbito de aplicación cubre Aragón, Extremadura y la región portuguesa del Alentejo, de ahí que se llame Agroestepas Ibéricas (págs. 52-53). Sisones, avutardas y aguiluchos lo tendrán más fácil en las 27 fincas que han firmado acuerdos de custodia y cuya superficie abarca más de 1.200 hectáreas.
Pero los nuevos vientos que soplan en la Unión Europea no sólo favorecen una Política Agraria Común más intensiva y menos ambiental, sino que amenazan con dar la puntilla al Programa LIFE e incluso revisar, por no decir desvirtuar, las dos directivas que tantos beneficios han reportado a la naturaleza, la de Aves y la de Hábitats. ¿Qué se ha hecho mal? ¿Acaso los dos ejemplos citados no han tenido consecuencias positivas para la agricultura y la biodiversidad? Parece que es más rentable incurrir machaconamente en los errores del pasado. En este escenario neblinoso y hasta sombrío, una tercera iniciativa de SEO/BirdLife vuelve a reclamar atención para la fauna que coexiste con la agricultura desde la Revolución Neolítica, y se sirve para ello del bellísimo jilguero, declarado Ave del Año 2026 y estandarte de un modelo agrario más sostenible.