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Aparentes relaciones mutualistas con una planta exótica e invasora

Aves canarias que se alimentan del néctar y el polen de las piteras

Un cuervo (Corvus corax) obtiene néctar en la umbela de una pitera común (Agave americana) en Tenerife (foto: Beneharo Rodríguez).
Un cuervo (Corvus corax) obtiene néctar en la umbela de una pitera común (Agave americana) en Tenerife (foto: Beneharo Rodríguez).

Al menos ocho especies de paseriformes que habitan en las islas canarias han descubierto el néctar y el polen de las piteras, una planta de origen americano, como recurso alimenticio. una vez obtenida la recompensa, ahora se trata de averiguar si actúan como polinizadores eficaces de una especie considerada invasora.

Por Felipe Siverio y otros autores

Las islas oceánicas, debido a la vulnerabilidad intrínseca de su flora y fauna nativa, son en principio mucho más susceptibles a las invasiones biológicas que las regiones continentales. Así pues, la introducción de especies con alta capacidad de adaptación a estos ambientes insulares constituye una de las mayores causas de pérdida de biodiversidad, dado que pueden competir intensamente por el hábitat, ser eficaces depredadoras o actuar como disruptivas en cruciales procesos ecológicos (1). Hay casos, sin embargo, en que la invasora, aparte de su influencia negativa, también puede establecer relaciones comensalistas e incluso mutualistas con las especies locales, hecho que entre otras consecuencias daría lugar a efectos en cascada en las cadenas tróficas y a cambios evolutivos (2).

Al hablar de invasoras en la Macaronesia europea es obligatorio referirse a la pitera común (Agave americana), ya que ocupa uno de los primeros puestos en la lista de las cien especies de flora y fauna terrestres más nocivas para la región (3). Esta planta, originaria de Centroamérica, provoca un empobrecimiento de la diversidad florística autóctona al ejercer una fuerte competencia por el medio y afecta con frecuencia a taxones endémicos amenazados. Hoy en día, mucho después de que se introdujera en Canarias, quizá durante el siglo XVI y por motivos ornamentales y productivos, forma parte del paisaje característico de las zonas bajas y medias de todas las islas, donde aparece mezclada con un numeroso elenco de plantas adaptadas a la sequedad y a las temperaturas suaves, muchas de ellas endémicas.

Este contenido es un resumen / anticipo de una información cuyo texto completo se publica en la revista Quercus, tanto en su versión impresa como digital.

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