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Poder colectivo tras la ciencia

viernes 29 de agosto de 2025, 19:44h
Pocos serán los lectores de Quercus que no hayan oído hablar de la red de IBA (Áreas Importantes para la Conservación de las Aves), coordinada en España por SEO/BirdLife. Esta iniciativa cumple en 2025 nada menos que cuarenta años de actividad en nuestro país, durante los cuales se han detectado y estudiado, como paso previo a su deseable protección legal, casi medio millar de espacios naturales, los más relevantes para las poblaciones de aves, los cuales suman una superficie superior a un tercio del territorio nacional. Lo que no se conoce tanto es que todo esto ha sido posible gracias a los cientos de voluntarios que desde 1985 aportan sus observaciones ornitológicas. Bien recuerda SEO/BirdLife que ellos son “los ojos en el campo” que velan por los valores naturales que permitieron declarar las IBA y los que alertan ante posibles amenazas.

Las IBA son un claro ejemplo del potencial de lo que se ha dado en llamar ciencia ciudadana, pero ni mucho menos el único. En las páginas 30 y 31 de este número de Quercus damos detalles sobre OdM Climate 2024, un proyecto impulsado por la plataforma Observadores del Mar que ha detectado un aumento en nuestras costas mediterráneas de especies marinas propias de aguas cálidas, entre otros efectos del calentamiento global. Son resultados basados en decenas de miles de registros de organismos marinos, obtenidos gracias a más de quinientos participantes. Si seguimos hojeando esta misma revista, llegamos a las páginas 38 y 39, dedicadas al Índice de Mariposas de Pastizal (GBI), publicado por la organización internacional Butterfly Conservation Europe. El informe resultante ha confirmado el gran declive de las mariposas de pradera, por motivos como la intensificación agraria, el abandono de los usos tradicionales o el impacto creciente del cambio climático. El GBI está basado en gran cantidad de programas de seguimiento de mariposas en una treintena de países, un despliegue sólo posible gracias al trabajo de multitud de voluntarios que contribuyen a la plataforma europea eBMS.

Recientemente hemos sabido de la participación de miles de ciudadanos que están ayudando a evaluar la calidad del agua en los ríos del Reino Unido a través de grandes eventos participativos (conocidos como blitzes) organizados durante los fines de semana por la ONG Earthwatch Europe, con el apoyo del prestigioso Imperial College London. Cada voluntario recibe un kit estandarizado para analizar nutrientes como fosfatos, nitratos y otras sustancias químicas en gran cantidad de puntos de agua dulce del país. Para muchos, el verdadero reto empieza a partir de ahí, a la hora de integrar toda esa ingente información recogida por la ciudadanía en los estudios científicos y los informes oficiales de seguimiento.

La ciencia ciudadana no debe ser una alternativa al trabajo de los centros de investigación y las agencias de vigilancia ambiental, sino más bien una forma de complementarlo y fortalecerlo, permitiendo localizar problemas allí donde los profesionales no llegan o superando la habitual falta de personal y medios para recopilar series de datos a largo plazo en asuntos relevantes. Tampoco le faltan críticos, como los que dudan de la calidad de los datos, ya que las observaciones pueden variar según la experiencia del voluntario si no hay protocolos claros y suficientes dosis de formación y validación experta. Otro condicionante son los sesgos de muestreo, ya que los participantes tienden a registrar especies o lugares más atractivos o accesibles. En cualquier caso, estamos convencidos de que el compromiso colectivo puede generar información crucial para la conservación de la naturaleza. No otro ha sido el ingrediente secreto de Quercus para mantener todo este tiempo una revista interesante y útil para nuestros lectores.

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