Texto: Francisco M. Camacho, Alfonso Fernández, David Moreno, Ana Belén Martínez, Bienvenida Gilbert y Juan F. García
Es primavera en la campiña de Jaén. Una explosión de vida surge como cada año y las nuevas generaciones de fauna llegan a un mundo donde, de una u otra forma, interactuarán con la especie humana a lo largo de sus vidas. En lo alto del campanario, un pollo de cigüeña blanca (Ciconia ciconia) se asoma desde su nido al trasiego propio del pueblo: tráfico, gente de aquí para allá, bullicio de los polígonos industriales o basureros recogiendo nuestros desechos. Al día siguiente, esos residuos viajarán al nido, transportados por los progenitores desde el vertedero con el fin de alimentar a ese pollo. Aunque el sustento también puede venir de un arroyo o un campo cercanos: roedores, saltamontes o cangrejos, cualquier cosa es buena para cebar a la insistente e insaciable criatura. Mientras tanto, en la aparente tranquilidad del campo, desde una pequeña repisa, un pollo de búho real (Bubo bubo) ve cómo el agricultor aplica herbicidas para eliminar la cubierta herbácea o insecticidas para las plagas del olivar.
Estas situaciones cotidianas para los que hoy salimos al campo han cambiado mucho desde hace unas décadas debido a la intensificación agrícola. Donde antes se escuchaba el trino de las aves o las voces de las cuadrillas trabajando, ahora se oye el ensordecedor ruido de la maquinaria a kilómetros de distancia. Pero estemos donde estemos, encontramos en los nidos el acecho invisible, en forma de trazas de contaminantes químicos que lentamente siguen su camino dentro de la cadena trófica, con cada presa que los progenitores traen a sus pollos. Es la denominada bioacumulación. Y dado que los adultos obtienen el alimento en un área cercana a la zona de cría, los pollos ya portan en su cuerpo la huella química del entorno que los rodea antes de abandonar el nido.
AUTORES :
Francisco M. Camacho Martín es graduado en Ciencias Ambientales, anillador experto de aves e investigador predoctoral del Área de Ecología de la Universidad de Jaén. Alfonso Fernández García es graduado en Ciencias Ambientales y actualmente es investigador posdoctoral en el Área de Química Analítica de la Universidad de Jaén. David Moreno González es licenciado en Química y profesor titular de universidad en el Área de Química Analítica de la Universidad de Jaén. Ana Belén Martínez Piernas es licenciada en Química y profesora ayudante doctora en el Área de Química Analítica de la Universidad de Murcia. Bienvenida Gilbert López es licenciada en Química y profesora titular en el Área de Química Analítica de la Universidad de Jaén. Juan F. García Reyes es licenciado en Química y catedrático en el Área de Química Analítica de la Universidad de Jaén.
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Francisco M. Camacho
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