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De izquierda a derecha y de arriba abajo: pareja de sapillo moteado común (Pelodytes punctatus), pareja de sapo común ibérico (Bufo spinosus), macho de sapo partero común (Alytes obstetricans), charca artificial, lavaderos y pilones que proporcionan un buen hábitat para la reproducción de anfibios Fotos: Carlos Caballero-Díaz.
De izquierda a derecha y de arriba abajo: pareja de sapillo moteado común (Pelodytes punctatus), pareja de sapo común ibérico (Bufo spinosus), macho de sapo partero común (Alytes obstetricans), charca artificial, lavaderos y pilones que proporcionan un buen hábitat para la reproducción de anfibios Fotos: Carlos Caballero-Díaz.

Charcas, abrevaderos y pilones para los anfibios

Los pilones de fuentes, los abrevaderos para el ganado, las albercas de riego o las charcas artificiales pueden representar auténticos refugios para diferentes especies de anfibios. Así lo demuestra un estudio llevado a cabo por un grupo de investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

En entornos rurales del sureste de la Comunidad de Madrid, este tipo de medios representa más de un 80% de los puntos de reproducción conocidos para algunas especies, como el sapo partero común (Alytes obstetricans). El estudio subraya la necesidad de compatibilizar los usos de estos puntos de agua de origen artificial con la actividad de ranas y sapos para facilitar su supervivencia en lugares donde la disponibilidad de zonas húmedas para su reproducción es muy limitada.

Los investigadores realizaron un seguimiento detallado de más de 100 localidades repartidas por diferentes municipios del sureste de Madrid y caracterizaron las comunidades de anfibios presentes en cada una de ellas. “Clasificamos los puntos de agua susceptibles de ser empleados por los anfibios para su reproducción en cuatro categorías, tres de ellas correspondientes a medios artificiales asociados con la actividad humana: fuentes y albercas, charcas artificiales y canteras abandonadas; y una cuarta categoría para los puntos de agua de origen natural, como pozas de arroyos o pequeños encharcamientos”, explica el investigador de la Universidad Autónoma de Madrid Carlos Caballero-Díaz.

Además de registrar la presencia de un total de ocho especies de anfibios y documentar su distribución actual en la zona, los investigadores identificaron amenazas como el ‘efecto trampa’ de algunas infraestructuras de almacenamiento de agua a las que acuden los anfibios para reproducirse. Al tener paredes altas y lisas, los animales no pueden salir, lo que provoca altas mortalidades. También han confirmado la presencia en la zona de numerosas especies exóticas invasoras que depredan sobre adultos y larvas de anfibios, así como de patógenos como el causante de la enfermedad fúngica quitridiomicosis, que está ocasionando declives y extinciones de poblaciones de anfibios en todo el mundo.

Las medidas propuestas

Además de describir las amenazas identificadas, en el trabajo se proponen varias medidas baratas y fáciles de aplicar para favorecer la presencia de anfibios en ambientes rurales, que se pueden aplicar en buena parte de la geografía española. “Gracias al conocimiento adquirido acerca de los periodos de actividad de los adultos y larvas de las especies detectadas, es posible planificar los momentos adecuados para la limpieza de pilones, abrevaderos y albercas, de manera que no afecten al desarrollo de los renacuajos presentes en los mismos”, apunta el investigador del MNCN Gregorio Sánchez-Montes. “La construcción de rampas junto a las paredes externas e internas mediante la acumulación de piedras, que pueden servir además como refugio para ejemplares recién metamorfoseados, facilitaría la entrada y salida de los anfibios de los puntos de agua evitando el efecto trampa”, continúa.

Finalmente, aunque fuentes y albercas pueden albergar importantes concentraciones de algunas especies, es fundamental facilitar la conectividad entre poblaciones mediante la creación de nuevos puntos de agua. “Las charcas o abrevaderos pueden actuar como eslabones intermedios, aportando individuos migrantes a otros núcleos cercanos. Tanto en la construcción de nuevas charcas, que suelen ser rápidamente colonizadas por los anfibios, como en el mantenimiento de los puntos de agua artificiales existentes es muy importante garantizar la limpieza del material empleado, con el fin de evitar la propagación de enfermedades infecciosas como la quitridiomicosis. De esta manera podemos compatibilizar la conservación de nuestro patrimonio histórico y natural”, concluye Íñigo Martínez-Solano, también del MNCN.

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