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Coexistencia

sábado 30 de septiembre de 2023, 20:28h

El verano pasado se decretó en Galicia la caza del jabalí casi sin condiciones. Ha irrumpido en núcleos urbanos, perjudica a los cultivos y, sobre todo, causa accidentes de tráfico por atropello. Como es habitual cuando se trata de gestionar la fauna silvestre, la solución es liarse a tiros. Bueno, todo el mundo sabe que no es la solución, pero así al menos se aplacan las críticas. Sin salir de Galicia, este verano las orcas han vuelto a ser protagonistas por sus jugueteos con las embarcaciones de recreo, concretamente con los veleros. En este caso se han arbitrado medidas menos contundentes y confiamos en que no pasen de ahí, porque también se ha escuchado ya algún que otro tiro (véase la carta que comparte página con este editorial). Y luego, claro está, tenemos al lobo. Pobre lobo. El culpable universal de todos los males de la ganadería extensiva desde el Neolítico.

Lo más chusco es que ha terciado en el debate nada menos que Úrsula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea. Su discurso sobre la posibilidad de relajar las medidas de protección del lobo ha hecho sonar todas las alarmas en el mundo conservacionista. Algo habrá tenido que ver el triste fin de su pony Dolly, abatido por el lobo GW950m a primeros de septiembre en una finca familiar que tiene en la Baja Sajonia. La presidenta incluso llegó a insinuar que el lobo puede convertirse en un riesgo para las personas, argumento que carece de la mínima base documental. La Comisión Europea se apresuró a abrir un proceso de consulta pública que permanecía abierto al cierre de este número de Quercus, pero ya nos imaginamos el resultado. Por su parte, el WWF ha enviado una carta en la que se muestra contrario a cualquier rebaja en el estatus legal del lobo e incide en que “la conservación de especies se basa en hechos y no en bulos: el lobo no es un peligro para los humanos. Es una temeridad afirmar lo contrario. En este siglo no hay casos de personas muertas relacionados con lobos.” En el mismo sentido, la organización internacional aprovechó el debate sobre la Directiva Penal Ambiental, que incumbe a la Comisión, al Parlamento y al Consejo, para recalcar que no es momento de relajar las exigencias legales. Según WWF, en España sólo se han dictado 327 sentencias judiciales de un total de 4.902 casos de crímenes contra la fauna. El 93% ni siquiera llegó a juzgarse.

Es notable la ignorancia que exhibe en materia ambiental nuestra clase política, incluida la europea, más aún cuando se aborda la conservación de la biodiversidad. Nadie parece interesado en las raíces profundas del problema. Vivimos en un continente superpoblado y en el que las actuales tendencias en defensa de la vida silvestre van a generar inevitables encontronazos. Más gente y más animales en un espacio empequeñecido por nuestro imparable afán de transformar el territorio. Lo hemos advertido en el caso del lobo y del oso, pero ahora se suman al conflicto otras especies que antes no contaban como corzos, jabalíes e incluso orcas. Los grandes mamíferos no son los únicos perjudicados y, para demostrarlo, ahí está la corriente de opinión sobre el supuesto peligro que entrañan para el ganado los buitres leonados y otras grandes rapaces, caso de los pigargos que han empezado a reintroducirse en medio de una auténtica polvareda mediática. Más demostraciones de ignorancia sobre la biología de los carroñeros. Esto de los animalitos está muy bien mientras no afecte a mis intereses. Así que estamos ante un dilema. La sociedad urbana pendiente de sus mascotas y de una visión de la fauna que ha empezado a tildarse de “peluchismo”. La sociedad rural, o lo que queda ella, empeñada en destapar oscuros atavismos. En medio, unas especies que han prosperado al abrigo de la reciente legislación ambiental y que han pasado de ser admirables a molestas.

Pero ¡ojo! Las relajaciones ambientales no tienen que ver sólo con la fauna. También van en el sentido de eliminar barreras a los proyectos de energías renovables, como se refleja en el artículo de opinión que publicamos en las páginas 72 y 73. Ahora la excusa, siempre hay alguna, es el cambio climático, la descarbonización y el precio de la energía. O sea, otra vez nosotros. Un poco de holismo no vendría mal.

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