Texto: Fundación Global Nature
Las aves esteparias son auténticos indicadores de la salud de nuestros territorios rurales. Sus hábitats no son espacios naturales prístinos ni reservas aisladas en lugares recónditos, sino a menudo paisajes agrarios abiertos, activos y en uso. Cereal de secano, barbechos, leguminosas y pastizales forman el entramado que necesitan especies como el sisón común (Tetrax tetrax), la ganga ortega (Pterocles orientalis), la alondra ricotí (Chersophilus duponti) y la avutarda (Otis tarda). Cuando ese entramado desaparece, las aves también lo hacen.
“Las aves esteparias no están desapareciendo por casualidad: lo hacen porque el paisaje agrario que las sostiene se ha transformado radicalmente”, explica Javier Ruiz, coordinador del área de aves esteparias de Global Nature. “Son especies muy especializadas, dependientes de una gestión concreta del territorio, y si esa gestión se pierde, no tienen alternativa”, añade Ruiz.
El problema de fondo: la transformación del paisaje agrario
Las cifras hablan por sí solas. En Europa, las aves ligadas a medios agrarios han sufrido un descenso medio superior al 30% desde los años ochenta y las esteparias encabezan las listas de especies más amenazadas. En España, la situación es especialmente preocupante: el sisón ha perdido cerca del 45% de su población en poco más de una década, la ganga ortega y la ganga ibérica (Pterocles alchata) han reducido mucho sus áreas de cría y la alondra ricotí sobrevive en poblaciones pequeñas y fragmentadas. Incluso la emblemática avutarda muestra tendencias negativas en varios núcleos históricos.
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