La muerte de dos moritos el pasado 6 de junio en un tendido eléctrico de la Sierra de Escalona (Alicante) no fue un accidente imprevisible. En ese mismo lugar, tal y como nos informa la asociación naturalista AHSA, habían muerto otros tres ejemplares de la misma especie en agosto de 2025 y la Generalitat Valenciana ya había requerido al propietario la instalación de balizas anticolisión. Pero las medidas no llegaron a tiempo. Una vez más, la historia se repite porque las soluciones conocidas no se aplican con la diligencia necesaria.
Este caso vuelve a poner de manifiesto la urgencia de aprobar el esperado real decreto destinado a reducir la mortalidad de la fauna causada tanto por los tendidos eléctricos como por los aerogeneradores. La Plataforma SOS Tendidos Eléctricos, de la que forma parte la revista Quercus desde su creación hace ahora justo diez años, no ha dejado desde entonces de reclamar que salga adelante una norma tan necesaria y largamente anhelada. Algo que ya dudamos de si alguna vez verán nuestros ojos, aun cuando el Gobierno, en una reciente respuesta parlamentaria, atribuía el retraso a la complejidad de la tramitación y al elevado número de alegaciones recibidas. Pero mientras el borrador de real decreto se empantana entre informes y dictámenes, aves y murciélagos siguen muriendo en infraestructuras energéticas cuyos riesgos son bien conocidos.
Lo paradójico es que nunca habíamos dispuesto de tanta información para prevenir estos impactos. Precisamente en este número de Quercus publicamos dos trabajos basados en el seguimiento mediante GPS de buitres leonados y quebrantahuesos en el Noroeste Ibérico (págs. 12 a 18), por un lado, y de milanos reales en Castilla y León (págs. 42 y 43), por otro. Ambos demuestran que conocer con precisión los movimientos de las aves permite mejorar la planificación espacial de los parques eólicos y detectar los tendidos eléctricos sobre los que es prioritario actuar.
La ciencia ofrece herramientas cada vez más precisas para compatibilizar la transición energética con la conservación de la biodiversidad. El reto consiste en incorporarlas realmente a la toma de decisiones. Precisamente por haber fallado en esto, el pasado 15 de junio el Tribunal Superior de Justicia de Galicia, que ha adquirido un protagonismo destacado por sus dictámenes a la hora de garantizar que el despliegue de las energías renovables se ajuste a las exigencias de la legislación ambiental y a la protección efectiva de la biodiversidad, suspendía cautelarmente el parque eólico Pena do Pico, en los Ancares lucenses y a instancias del grupo ecologista Adega, al considerar insuficiente la evaluación de sus impactos sobre especies amenazadas como el milano real. Pocos días después, SEO/BirdLife nos informaba de haber solicitado la desestimación del parque eólico Anjana, entre Cantabria y las provincias de Burgos y Palencia, en una zona que alberga dormideros invernales de milano real, con concentraciones de hasta un centenar de individuos.
La conservación de la biodiversidad no es un obstáculo para el desarrollo de las energías renovables. Es precisamente la condición necesaria para que ese desarrollo sea verdaderamente sostenible. Disponemos del conocimiento, de la tecnología y, en muchos casos, también de las soluciones. Lo que sigue faltando es la voluntad de aplicarlas antes de que la muerte de otro morito, otro milano real u otro quebrantahuesos vuelva a recordarnos el coste de llegar tarde.