Texto: Jose M. Fedriani, Pedro J. Garrote, Brayan Morera, Gemma Calvo, María José Leiva y Miguel Delibes
El piruétano (Pyrus bourgaeana) es mucho más que un árbol de porte modesto y flores blancas que salpica el paisaje andaluz al final del invierno. En los ecosistemas mediterráneos del suroeste peninsular y en el norte de Marruecos, esta especie –un pariente silvestre del peral doméstico– actúa como un verdadero nodo de biodiversidad, una especie clave cuyas interacciones sostienen a decenas de otras.
Durante la primavera, su floración masiva ofrece un banquete de polen y néctar para una formidable diversidad de insectos polinizadores (dípteros, himenópteros y coleópteros, entre otros), así como de hojas, plántulas y rebrotes para muchos herbívoros (invertebrados, ungulados y lagomorfos). Desde principios del otoño hasta el invierno, sus peras globosas y carnosas se convierten en un recurso crítico para la fauna silvestre en momentos en que otros alimentos –y el agua– escasean.
Por ejemplo, tejones (Meles meles) y zorros (Vulpes vulpes) consumen estos frutos y, al desplazarse por su territorio, depositan las semillas viables junto con su abono natural en diferentes microhábitats. Este proceso de dispersión no es sólo un transporte, sino que con cierta frecuencia los carnívoros depositan algunas de las semillas bajo el abrigo de matorrales espinosos, que actúan como plantas nodrizas, protegiendo a las futuras plántulas del sol abrasador y de los dientes de los herbívoros.
AUTORES:
Jose M. Fedriani Laffitte es científico titular en la Estación Biológica de Doñana (EBD), del CSIC. Su investigación se centra en la ecología de las interacciones planta-animal en un contexto de cambio global. Pedro J. Garrote García es investigador postdoctoral en la EBD. Estudia los procesos de recolonización y restauración de ecosistemas alterados mediante interacciones planta-planta y planta-animal. Brayan Morera Chacón es investigador predoctoral en el Centro de Investigaciones sobre Desertificación, del CSIC. Su trabajo se centra en los efectos del cambio global sobre la dispersión de semillas y el reclutamiento de plantas. Gemma Calvo García es técnico de campo y laboratorio en la EBD, especializada en interacciones planta-animal. María José Leiva Morales es profesora titular de ecología en la Universidad de Sevilla. Estudia la ecología de la regeneración de especies arbóreas mediterráneas, las interacciones planta-animal y el efecto del estrés climático en el establecimiento y crecimiento de plántulas. Miguel Delibes de Castro es profesor de investigación ad honorem en la EBD. Ha recibido numerosos premios y reconocimientos por sus contribuciones a la ecología y la conservación de mamíferos, especialmente por su destacado papel en el estudio y la recuperación del lince ibérico.
Dirección de contacto:
Jose M. Fedriani
fedriani@ebd.csic.es