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UNA TRAYECTORIA MARCADA POR LA GUERRA CIVIL Y LA LARGA POSGUERRA

Josefa Martí Tortajada, una pionera de la investigación y la divulgación científica

Curso de ficología marina celebrado en Marín (Pontevedra) en agosto de 1933. Josefa Martí (tercera por la izquierda, de pie) aparece  junto a los demás alumnos que estudiaban el material recolectado mediante dragados en barca (foto: AMNCN-CSIC).
Curso de ficología marina celebrado en Marín (Pontevedra) en agosto de 1933. Josefa Martí (tercera por la izquierda, de pie) aparece junto a los demás alumnos que estudiaban el material recolectado mediante dragados en barca (foto: AMNCN-CSIC).
miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
La protagonista de estas páginas fue una valerosa e inteligente mujer que tuvo que hacer frente
a los prejuicios y las dificultades vigentes en la España de la primera mitad del siglo XX.

Lo cual no impidió que se labrara una respetable carrera como científica
y divulgadora de las ciencias naturales.

por Francisco Gragera y Federico Suárez
La historia de Josefa Martí Tortajada comienza en Valencia, donde vino al mundo el 27 de mayo de 1904. De su infancia apenas sabemos nada, aparte de lo que ella misma fue narrando a sus más allegados, pero siempre con cuentagotas. Decía que su familia era oriunda de Xátiva (Valencia) y que su padre, de nombre Isidoro, fue torero. Un dato pintoresco y tal vez cierto, porque hemos localizado a un matador de toros llamado Isidoro Martí Flores, natural de Alfarrasí, un municipio próximo a Xátiva, lugar que contaba con muchos aficionados a la tauromaquia a finales del siglo XIX, como se desprende de una vieja crónica (1):

“Tiene Játiva un teatro ni muy grande, ni muy concurrido; y si mentamos esta circunstancia es para hacer resaltar el contraste que presenta este templo del arte con la plaza de toros, soberbio circo, capaz para contener diez mil espectadores. De suerte que en Játiva, como en muchas ciudades de España, se calcula que por cada aficionado a la arrebatadora declamación o al divino arte de la música, se cuentan veinte entusiastas de ese bárbaro y monótono espectáculo que se llama corrida de toros.”

Nada más podemos añadir sobre la infancia y la juventud de nuestra protagonista, a la que llamaremos Fita, diminutivo que la distinguía en su círculo de amistades y con el que también firmaba la correspondencia.

Fita abandonó Valencia con destino a Madrid en fecha desconocida, aunque es muy probable que lo hiciese a finales de los años veinte o comienzos de los treinta del siglo pasado. El motivo del traslado fueron los estudios, un dato confirmado por el diario El Sol el 17 de septiembre de 1932, que la incluye en una relación de alumnos de diversos centros de enseñanza madrileños que disfrutaron de matrículas gratuitas y subsidios. Según el periódico, estas ayudas de 200 pesetas mensuales las percibió entre octubre de 1932 y junio de 1933, añadiendo que la interesada cursaba estudios en la Facultad de Ciencias. Por la nota de prensa deducimos que Fita no disponía de suficientes recursos en aquellos momentos para afrontar con desahogo económico los gastos ocasionados por el alojamiento y la manutención en Madrid. De ser cierto que su padre era el ya comentado matador de toros, su muerte prematura, ocurrida en Caracas (Venezuela) en diciembre de 1921, pudo ser el origen de la crisis económica sufrida por la familia Martí.

Estación de Biología Marina
En el verano de 1933 Fita tuvo el privilegio de asistir al primer curso de ficología marina organizado por la recién creada Estación de Biología de Marín (Pontevedra) entre 8 y el 20 de agosto. El curso fue impartido por el especialista en algas Faustino Miranda, reconocido conocedor de la flora marina de las Rías Bajas. El reducido grupo de agraciados estuvo formado por once alumnos, seis mujeres y cinco varones, procedentes del segundo y el tercer curso de Ciencias Naturales de la Universidad Central de Madrid: Ángela Aguirre Aramendia, Ignacio Bolívar Izquierdo, Alfonso García Beltrán, José Gordón Morales, Josefa Martí Tortajada, Eugenio Morales Agacino, Dionisio Peláez Fernández, María Roldán Castros, Virginia Sánchez-Carpintero Pérez y las hermanas Carmen y Matilde Sotos Menéndez (2).

De aquel puñado de aplicados estudiantes destacarían, además de Fita, Eugenio Morales, entomólogo y descubridor en 1945 de la colonia de cría de foca monje (Monachus monachus) en las costas atlánticas del antiguo Sahara Occidental español (3); Ignacio Bolívar, traductor científico en la OMS y la Unesco, cuyo abuelo fue destacado director del Museo de Ciencias Naturales de Madrid; Dionisio Peláez, parasicólogo y miembro de la expedición zoológica realizada en 1932 al protectorado español de Marruecos; y Carmen Sotos, propuesta como miembro de la Sociedad Española de Historia Natural y participante, junto a su hermana Matilde, en las misiones pedagógicas creadas por el Gobierno republicano en la categoría de Teatro y Coro.
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