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Consecuencias para el éxito reproductor

Preferencias del gorrión molinero ante dos modelos de cajas-nido

Por Vicente García-Navas, Luis Arroyo, Juan José Sanz y Mario Díaz

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
Pollo volantón de gorrión molinero de unos trece días de edad (foto: Vicente García-Navas).
Pollo volantón de gorrión molinero de unos trece días de edad (foto: Vicente García-Navas).
Son muchas las aves que, a lo largo de su vida, deciden varias veces dónde colocar el nido entre los lugares disponibles. La elección suele basarse en claves ambientales que predicen cómo serán las condiciones del nido en el momento más delicado de la crianza, cuando los pollos ya sean grandes y tengan mayores necesidades. Si las elecciones son correctas el éxito reproductor será mayor y dicho comportamiento se mantendrá en el tiempo. La temperatura en el interior del nido puede ser una de estas claves, como muestra nuestro trabajo con gorriones molineros cuando crían en cajas-nido de dos modelos diferentes.
El gorrión molinero (Passer montanus) es un pajarillo muy ligado a los paisajes agrícolas del Paleártico. En la península Ibérica se encuentra ampliamente distribuido a lo largo de todo el territorio, aunque de forma irregular y siempre vinculado a cultivos y sotos fluviales (Cuadro 1). No depende tanto del hombre como su congénere el gorrión común (Passer domesticus), con el que cohabita en ambientes cercanos a pueblos o casas de labor e incluso con el que llega a hibridarse. La tendencia de esta especie en España es estable, aunque en algunos países europeos ha sufrido un fuerte declive debido a la intensificación agrícola (1). Por ejemplo, en el Reino Unido sus poblaciones descendieron un 95% en el periodo 1970-1999 y actualmente el gorrión molinero está incluido en la Lista Roja de especies amenazadas con la máxima prioridad de conservación y es objeto de un plan de acción a gran escala.



Una de las medidas adoptadas, muy común en los programas de recuperación de especies, consiste en instalar nidos artificiales. Los tres objetivos principales de esta medida son conservar las poblaciones (al incrementarse el número de lugares disponibles para anidar), incrementar nuestros conocimientos acerca de la especie y fomentar la sensibilización ciudadana a través de la divulgación y la educación ambiental. Eso sí, un correcto diseño de la campaña resulta fundamental para garantizar la eficacia de este tipo de iniciativas y la elección del modelo de nidal más adecuado, atendiendo a los requerimientos de la especie y al tipo de hábitat donde va instalarse, constituye el primer paso. En este sentido, hay pocos estudios que aborden la influencia del modelo de nidal sobre la tasa de ocupación y el éxito reproductor.
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