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Restauración experimental de fondos marinos con Posidonia oceanica

Puentes verdes para unir praderas submarinas en Maro-Cerro Gordo

Puentes verdes para unir praderas submarinas en Maro-Cerro Gordo

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
En las costas de Andalucía se han implantado las primeras parcelas experimentales de Posidonia oceanica como método para restaurar las praderas de esta fanerógama marina.

También se pretenden crear “puentes verdes” que unan manchas aisladas de Posidonia para dar cohesión a las praderas.
En el ámbito terrestre es conocida la importancia de encinares y alcornocales para mantener una comunidad mediterránea rica en especies. Alcanzar la fase “clímax”, es decir, la etapa más avanzada en el proceso de sucesión ecológica, requiere pasar antes por una serie de estadios de complejidad creciente durante un periodo de tiempo muy variable. De hecho, el tiempo necesario para cubrir todas estas etapas intermedias puede prolongarse durante cientos de años en el caso de un encinar o un alcornocal, lo que da idea de lo lenta que es la sucesión en tales sistemas.

El mismo modelo podría extrapolarse al medio acuático si consideramos a las formaciones de fanerógamas marinas como los bosques sumergidos de nuestros mares, ya que cubren grandes extensiones de las zonas costeras desde la franja intermareal hasta los 30-40 metros de profundidad. Existen más de cincuenta especies de estas plantas vasculares (1) que han regresado al medio marino y a menudo se confunden con algas. En el Mediterráneo coexisten principalmente cuatro especies de fanerógamas marinas: Posidonia oceanica, endémica de dicho mar; Zostera marina, que vive en aguas templadas del hemisferio norte; Cymodocea nodosa, distribuida por el Mediterráneo, las islas Canarias y África occidental; y Zostera noltii, que ocupa las costas atlánticas y mediterráneas de Europa. De estas cuatro especies, P. oceanica sería la más semejante al modelo terrestre antes comentado, tanto por su capacidad para mantener una comunidad excepcionalmente rica en especies, como por su lenta tasa de crecimiento horizontal, cifrada entre uno y seis centímetros al año (2). Hay que esperar siglos para que se forme una pradera estable y de extensión considerable.
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