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Personajes animales en la obra de un escritor enigmático

Lewis Carroll y la Historia Natural

Texto y fotos: Arturo Valledor de Lozoya

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
El reverendo Charles Lutwidge Dodgson, más conocido por su alias literario de Lewis Carroll, no hizo la menor contribución a la biología. Sin embargo, es el autor que aparece citado más veces en libros y artículos que tratan de esta ciencia y de otras como la física, la astronomía y la economía.
El motivo de que Lewis Carroll haya tenido tanta influencia en escritores científicos reside en la gran versatilidad y diferentes niveles de lectura de sus tres obras más famosas: Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, su secuela A través del espejo y lo que Alicia encontró al otro lado y el poema titulado La caza del Snark. Henry Holiday, ilustrador de este último, contaba al respecto que un estudiante de Oxford se lo sabía de memoria y en múltiples ocasiones de la vida cotidiana citaba un fragmento adecuado al caso. Carroll también escribió libros sobre matemáticas y lógica, materias de las que durante muchos años fue profesor en el Christ Church College de Oxford, pero los firmó con su verdadero nombre.

La única relación que Carroll tuvo, como autor, con las Ciencias Naturales fueron los cuatro Documentos de Zoología que, parodiando los artículos del Zoological Journal, escribió en su juventud para una revista de ámbito familiar. De su jocoso contenido habla el título del último de ellos: La paloma de ala única. Sin embargo, todas sus obras literarias están plagadas de personajes animales. Son caricaturas zoomórficas como las que aparecen en las fábulas de Esopo, La Fontaine e Iriarte, pero la simbiosis entre un animal y una personalidad humana de los personajes carrollianos tiene un origen mucho más onírico que moral. Es el caso, por ejemplo, del Conejo Blanco-petimetre y el Lechón-bebé de Las aventuras de Alicia, o del León y el Unicornio de A través del espejo, versiones surrealistas de Gladstone y Disraeli, los dos políticos rivales de la Inglaterra victoriana. El Gato de Cheshire y la Falsa Tortuga son también distorsiones oníricas de aspectos de la realidad de su época, ya que el primero está inspirado en el hecho de que los quesos de esa comarca inglesa tenían grabada la cara de un gato sonriente (supuestamente para asustar a los ratones) y la segunda en una popular sopa de tortuga fabricada con caldo de vaca.

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