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UN DISCIPLINADO TRABAJO DE CAMPO… DE PRISIONEROS

Ornitólogos enjaulados

Ornitólogos enjaulados
miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
Cuatro ornitólogos británicos contribuyeron a sentar las bases de la conservación de las aves y la naturaleza en Europa, mientras duró su internamiento en campos de prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial.

Texto: Antonio Sandoval
Ilustraciones: gentileza de Short Books
Around the rotten tree the firetail mourns
As the old hedger to his toil returns

The Firetail’s Nest, John Clare

En torno al árbol podrido se lamenta el colirrojo
Mientras el viejo campesino regresa a su labor.

El nido del colirrojo, John Clare

Mientras era trasladado a un nuevo campo de prisioneros, el británico John Buxton iba pensando en cómo sería el entorno natural que encontraría allí. El que abandonaba, llamado Oflag VII-C, ocupaba un recio castillo del siglo XV construido sobre una colina boscosa asomada al río Salzach, cuyas aguas venían directamente de Salzburgo, pocos kilómetros al otro lado de la frontera austriaca. A pesar de haberse quedado en los huesos, hasta entonces su confinamiento había resultado en cierto modo placentero. Desde su llegada en julio de 1940 había dispuesto de tiempo de sobra para dedicarse a sus dos pasiones: la literatura y la ornitología. El castillo tenía una nutrida biblioteca y la fauna alada de sus jardines era de lo más variada. Ahora, a bordo de un rugiente convoy atestado de camaradas, y para distraerse, iba pensando en los colirrojos reales y la poesía de John Clare. ¿Cómo podría imaginar que iba rumbo a la modernización del movimiento conservacionista europeo?
Buxton era un modélico joven inglés de espíritu inquieto. Reconocido poeta, su título en Literatura, obtenido en el New College de Oxford, le había facilitado el trabajo como lector de inglés en Oslo, actividad que había combinado con la participación en campañas arqueológicas en Irlanda y Palestina, así como en censos de aves silvestres por todo el Reino Unido. Al declarar este país la guerra a Alemania se alistó en la Armada. Alguien decidió entonces que por sus conocimientos de noruego sería más útil como oficial de inteligencia en Escandinavia. Allí fue enviado y capturado a los cuatro meses de llegar. En Oflag VII-C se ofreció a organizar la biblioteca del castillo y puso en marcha una universidad de prisioneros para aliviar el confinamiento de sus compañeros y a la vez promover su formación. Con estas tareas mantenía una sana disciplina y combatía su encierro. Igual que sus camaradas, había sido entrenado para luchar, ser herido o morir en la batalla, no para soportar un cautiverio que se le antojaba infinito. Además, se impuso un objetivo personal: estudiar las costumbres del colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus).

PIE DE FOTO: Los cuatro ornitólogos británicos que cayeron prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial y dedicaron su confinamiento al estudio de la avifauna local. De izquierda a derecha: John Buxton, John Barrett, George Waterston y Peter Conder. Años después, éste último llegó a presidir la RSPB.

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