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José Luis González Hompanera se toma un descanso durante un censo de hubaras en Canarias en 2012.
José Luis González Hompanera se toma un descanso durante un censo de hubaras en Canarias en 2012. (Foto: Fernando Garcés / Grefa)

El universo en un alma de El Bierzo

lunes 29 de junio de 2020, 19:23h

A veces en la vida se cruzan ciertas personas que sin serlo en origen se convierten en verdaderos hermanos. Por el ejemplo que dio de bondad y valentía, de respeto por todo lo que vive y por la tierra que da cobijo a todo lo que vive, José Luis González Hompanera era uno de esos preciosos seres humanos.

Por Ezequiel Navío, Ernesto Álvarez, Fernando Garcés, Juan Carlos del Olmo y Roberto Hartasánchez

El aire de El Bierzo (León) brindó a José Luis su primera respiración un día de abril de 1961 en el pueblo de San Pedro de Mallo. Como era habitual en la cuenca del Sil, su destino estaba escrito y a los veinte años comenzó a trabajar en la mina, lo que sin duda forjó su físico y su carácter, mientras respiraba ese aire cargado de fino carbón que, como a tantos mineros, se le quedó fijado en sus pulmones. José Luis alternaba los descensos a la mina con su pasión por la formidable naturaleza de los montes bajo los que extraía carbón y su figura como defensor del medio ambiente se fue labrando sin él pretenderlo.

Conocimos a José Luis en 1986, cuando un grupo de personas vocacionales de la defensa de la naturaleza combatíamos la caza furtiva desde organizaciones como Fapas, Adena (ahora WWF España) y Grefa. José Luis tuvo siempre nuestro incondicional apoyo porque su honestidad y compromiso eran igual de incondicionales. Sus denuncias permitieron conocer las redes furtivas, desencadenando registros del Seprona en decenas de inmuebles en los que se incautaron pieles de osos, urogallos, un sinfín de especies protegidas disecadas y armas y trampas de todo tipo.

Ese mismo grupo de personas y organizaciones llevamos a cabo en 1992 una expedición para hacer frente a la mayor marea negra de la historia y tratar de rescatar y rehabilitar miles de animales petroleados por la sinrazón de la Guerra del Golfo. En el equipo que iba a trabajar en muy duras condiciones durante meses incluimos a José Luis. No tenía formación académica, pero sabíamos que su fortaleza física y mental, su compañerismo y su amor por los animales se convertirían en valores decisivos en la expedición, como así fue.

A su regreso del Golfo Pérsico volvió a la mina y a la actividad ecologista con su modesta organización Tyto Alba, colaborando con otras organizaciones y personas como a las que nos descubrió el fascinante mundo natural, histórico y humano de El Bierzo.

Su compromiso con el territorio y las gentes del Alto Sil le llevó en 2007 a la política, siendo elegido alcalde pedáneo de la Junta Vecinal de San Pedro de Mallo. Caminando con él por aquellos parajes nos comentaba lo satisfecho que estaba del trabajo realizado aquellos años, en los que se plantaron miles de árboles autóctonos. Peleó diversas ayudas de diferentes organismos para arreglar caminos, limpiar monte y dejar ese legado que hoy es visible en el buen porte de muchos cerezos, serbales y robles que dan consistencia con sus frutos y bellotas a esa biodiversidad con la que José Luis tanto se identificaba y defendió.

Los últimos años los pasamos acompañándole a levantar cabañas de piedra en brañas rodeadas de bosques milenarios, lobos, osos y urogallos. José Luis era capaz de todo, incluso de teitar pallozas como sus ancestros. Fue el anfitrión de entrañables magostos en nevadas noches de invierno, de alegres festejos amenizados con gaitas, guitarras y acordeones de buenos amigos de las tierras célticas a los que se sumaba con su banjo, de paseos inolvidables en los que bebíamos de fuentes y manantiales mágicos y nos presentaba como hermanos a robles, tejos y castaños centenarios.

José Luis devolvió el pasado 27 de mayo su última brizna de aire al mismo Bierzo que le vio nacer. Su siempre delgado cuerpo, radiante hasta el último día de una energía incombustible, regresa ahora al espacio de donde vino tras regalarnos una vida ejemplar.

Autores: Ezequiel Navío es un activista ecologista asentado en Lanzarote. Ernesto Álvarez y Fernando Garcés son presidente y secretario general de Grefa, respectivamente. Juan Carlos del Olmo es secretario general de WWF España. Roberto Hartasánchez es presidente de Fapas.

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