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Un biotopo desconocido y amenazado

La turbera del monte Zalama

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
La turbera del monte Zalama
La turbera del monte Zalama se
encuentra situada en la sierra de
Ordunte, justo donde confluyen

los límites territoriales de Vizcaya,
Burgos y Cantabria. Es una
de las pocas turberas genuinas

que todavía existen en la península
Ibérica, pero su carácter excepcional
no ha evitado que sufra múltiples

agresiones, sobre todo erosión
por vehículos todoterreno y quemas
relacionadas con intereses ganaderos.


La última amenaza es un parque
eólico, algunos de cuyos

aerogeneradores está previsto
instalar sobre la propia turbera.
Las turberas son hábitats extraordinariamente singulares, medios fascinantes y mágicos habitados por seres especialmente adaptados a sus peculiares condiciones ambientales y capaces de vivir a caballo entre dos mundos: el terrestre y el acuático. La dimensión histórica de las turberas, mucho más evidente que en otros ecosistemas, contribuye a fomentar el interés por ellas, ya que la fauna y la vegetación actual reposa sobre ese archivo de acontecimientos del pasado que constituye el depósito de turba acumulado.

Ciertos rasgos distinguen a las turberas de otros tipos de humedales. Uno fácil de apreciar es, por ejemplo, su carácter cenagoso, ya que lo típico es que no existan grandes láminas de agua libre, como en los lagos. El agua empapa la vegetación y encharca el suelo, pero sin sumergirlo completamente. No obstante, la característica que mejor define a las turberas es, sin duda, su capacidad para acumular turba, una materia con altísimo contenido orgánico –superior al 65% de su peso seco– formada por los restos sin descomponer de la vegetación. Son precisos al menos 30 ó 40 centímetros de espesor de turba para que un medio pueda ser considerado apropiadamente como turbera (1). La presencia del depósito turboso es esencial, porque sobre este sustrato tan peculiar se desarrollan todos los procesos biológicos de la turbera. Además, contiene toda su información histórica, por lo que una forma muy acertada de acercarse a este tipo de hábitats es entender que su vegetación y aspecto actual son la última etapa de un proceso dinámico y evolutivo que ha durado miles de años y cuyos sucesos han quedado fielmente registrados en la turba.
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