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Un ave única que necesita ayuda

De izquierda a derecha, Rafael Serra, Javier Zapata, David González y Américo Cerqueira (foto: Javier Martín).
De izquierda a derecha, Rafael Serra, Javier Zapata, David González y Américo Cerqueira (foto: Javier Martín).
domingo 02 de diciembre de 2018, 15:50h

Cuatro de los cinco integrantes de la Operación Torillo, cuyas peripecias venimos publicando mensualmente en el Observatorio de Quercus, llenaron el salón de actos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) el pasado 6 de noviembre para dar cuenta de sus resultados.

Américo Cerqueira, el librero del museo, ofició como maestro de ceremonias y dejó claro que no se trataba de una expedición con veleidades científicas, sino de un viaje a Marruecos organizado de forma particular por un grupo de entusiastas amantes de la naturaleza para poner de relieve la delicada situación en la que se encuentra el torillo andaluz (Turnix sylvaticus), un ave que el 13 de agosto fue dada oficialmente por extinguida en España.

David González hizo una detallada exposición sobre la especie, desde las primeras citas y representaciones gráficas, hasta su alarmante estado actual, con una única población viable asentada en una estrecha franja de la costa atlántica marroquí, entre Oualidía y Sidi-Moussa.

Rafael Serra, director de Quercus, comentó otros objetivos del viaje relacionados con la búsqueda de especies tan escasas como el ibis eremita (Geronticus eremita), los caracoles del género Helicopsis y dos ungulados del desierto como el adax (Addax nasomaculatus) y la gacela dorcas (Gazella dorcas). Finalmente, Javier Zapata se centró en el paisaje, dominado por un árbol panacea como el argán (Argania spinosa) y la cultura tradicional bereber, gracias a su escapada en solitario por el llamado Valle del Paraíso. El quinto miembro de la expedición, Arturo Valledor, no pudo asistir al acto por encontrarse de viaje en Polonia.

Los expedicionarios aportaron láminas originales, publicaciones, libros, esculturas a tamaño real e incluso antiguas colecciones de cromos con el torillo como protagonista. También fue posible probar una especialidad culinaria marroquí, una mezcla de aceite de argán, almendra molida y miel, también de argán, muy sabrosa y nutritiva. Pero lo más aclamado fue, sin duda, el excremento de torillo recogido en un trigal de Sidi-Moussa y engarzado en un viejo candil a modo de relicario. El debate posterior se centró en la posibilidad de criar al torillo en cautividad, como urgente medida de conservación, reforzar la declinante población marroquí y –¿quién sabe?– quizá reintroducirlo algún día en España.

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