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Un futuro con lobos

martes 27 de abril de 2021, 20:50h

En noviembre de 2012 dimos a conocer en exclusiva la primera reproducción confirmada de lobos en la Comunidad de Madrid. Dos de los autores de aquel inolvidable artículo, Rubén Laso y Omar Alonso, repiten en este número de Quercus con una nueva colaboración en la que hacen un detallado balance, con bastantes datos inéditos, de lo que ha ocurrido desde entonces con los lobos madrileños. A ellos se une como firmante un viejo amigo y colaborador, Juan Carlos Blanco, toda una autoridad en temas loberos que además tiene la virtud de ser un magnífico divulgador. Y lo que nos cuentan, ya lo anticipamos, es ante todo una buena noticia: el lobo ha ido a más en la Comunidad de Madrid, aunque se enfrenta a no pocos peligros (págs. 12-19). Ya de por sí es todo un reto la supervivencia de estos lobos en una región como la madrileña, donde estuvieron desaparecidos durante décadas, y que aún mantiene una importante cabaña ganadera en régimen extensivo. Pero es que, además, la cercanía de una gran ciudad y su extensa zona de influencia urbana nos ofrece una oportunidad única para evaluar sobre el terreno hasta qué punto estamos dispuestos a convivir con el lobo. Madrid podría convertirse en un laboratorio al aire libre para explorar nuevas fórmulas de relacionarnos con la fauna salvaje y, en general, con la biodiversidad.

Así que en este número de Quercus volvemos a dedicar muchas páginas al lobo, incluida –¡cómo no!– la portada. Creemos que era obligado, ahora que estamos más cerca de que se considere una especie no cinegética en todo el territorio nacional. Lo cual, conviene recordarlo, no ocurría antes al norte del río Duero. Su propuesta de inclusión en el Listado de especies silvestres en régimen de protección especial ha sido el paso decisivo para favorecer un cambio de tendencia. En lugar de gestionar la especie a tiro limpio, se abre la posibilidad de hacerlo con criterios científicos, socioeconómicos y legales. Es decir, desde la cordura y no desde el arrebato pasional. Nadie niega el carácter polémico del lobo, ni los daños que es capaz de causar al ganado. Pero en un país europeo del siglo XXI deberíamos tener a mano argumentos más sólidos y meditados que la simple y arcaica persecución.

No obstante, el cambio de estatus legal ha puesto en pie de guerra a los enemigos tradicionales del lobo, que están ejerciendo toda su influencia sobre la clase política. Ya no es un enfrentamiento entre distintas sensibilidades, sino entre posturas que deben basarse en la mejor información científica disponible y en los datos más objetivos y contrastados. Se ha acabado eso de echarse al monte con la escopeta cargada. Tardaremos un tiempo en aceptarlo y nos dejaremos algunos lobos por el camino, pero el enfoque ha cambiado radicalmente, tal y como ha quedado avalado por dos recientes sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (págs. 23-27).

El asunto no es quien gana la batalla legal o mediática, sino cómo nos organizamos para convivir con el lobo, en particular aquellos que lo tienen más cerca y pueden padecer sus inconvenientes. La solución pasa por las prácticas ganaderas preventivas y la asunción solidaria y colectiva de los daños, a través de mecanismos justos, ágiles y fiables. Está demostrado que los lobos son más valiosos vivos que muertos, así que debe explorarse a fondo esa nueva economía rural de los recursos ecosistémicos, en el que la biodiversidad pasa a verse más como un estímulo que como un obstáculo.

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