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Menuda fauna

martes 31 de agosto de 2021, 19:35h

Mucho nos han criticado la aparente tendencia a elegir grandes vertebrados como protagonistas de las páginas de Quercus. Todo empezó con Carlos M. Herrera y su histórico artículo sobre las portadas de la revista, publicado hace más de treinta años, en 1989, que ya dejaba traslucir tan acusado sesgo. Su crítica estaba más que fundada y se extendía a las preferencias de nuestra especie por animales de tamaño mediano o grande, de sangre caliente y, a ser posible, situados en la cúspide la pirámide ecológica. Un prejuicio como otro cualquiera en el que ya debían incurrir nuestros antepasados del Paleolítico. Pero hacía falta la lucidez de Carlos M. Herrera y su demostrado interés por plantas modestas e insectos polinizadores, que juegan en otra división dentro del campeonato de la biodiversidad mundial. Más recientemente ha logrado reunir incluso cuatro de los cinco reinos de seres vivos en torno a una simple gota de néctar. Siempre le hemos agradecido ese cambio de perspectiva, esa heterodoxia para distinguir lo importante de lo llamativo.

Así que seguramente estará orgulloso, como fiel lector y colaborador, de este número de septiembre, donde llevan la voz cantante lagartijas, moscas parásitas, hormigas y desconocidos briozoos de los fondos marinos andaluces. Además de la carraca, por supuesto, que nos ha salvado la portada. Otra vez las portadas. Conviene precisar que aves y mamíferos venden más que plantas e insectos. Es un dato objetivo, dentro de la modestia de nuestras cifras, con el lobo como indiscutible campeón. También conviene tener en cuenta que nos dirigimos a un público especializado, al que no deberían afectar demasiado estas menudencias. Pero el caso es que, dentro de la estabilidad habitual, algunas portadas causan un pequeño rebote en las preferencias de quienes siguen acudiendo a los quioscos.

Detrás de esas especies que llamamos carismáticas, o con mayor propiedad, debajo de ellas, se encuentran los verdaderos héroes de cualquier flora y fauna. ¿Quién repara en las bacterias del suelo o en los hongos? ¿A quién conmueve el plancton? ¿Qué sería de nosotros sin las diatomeas? Los árboles no impiden ver el bosque, sino a musgos y hepáticas. Deslumbrados por lo similar a nosotros, o lo que necesitamos a diario, estamos ciegos ante lo pequeño, valioso y decisivo. Así que bienvenidas sean las lagartijas baleares de tres islotes situados al sur de Mallorca y sus enseñanzas sobre dinámica de poblaciones y microevolución. O esas cuatro nuevas especies de briozoos, que preludian a muchas otras aún pendientes de descubrir. Y para qué hablar de la sorprendente relación a tres bandas entre carracas, moscas parásitas y hormigas que, sin aspavientos, se desarrolla en el desierto almeriense de Tabernas.

Estremece pensar en la cadena de acontecimientos que han sido necesarios para alcanzar todas estas situaciones poco probables. Como diría el mismísimo Darwin, también hay grandeza en esta visión a pequeña escala de los acontecimientos naturales. Sirven de inspiración para entender la prevalencia injustificada de los destacados, para ahondar en el verdadero meollo de un asunto que tanto subyuga a quienes tienen el atrevimiento de percibirlo con otros ojos, a diferente escala, sin ideas preconcebidas. Será interesante comprobar las reacciones que suscita este artículo editorial después del revuelo causado por el anterior, el de la reintroducción de los pigargos en Asturias, una de esas especies que siempre levantan pasiones.

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