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Enemigos de la biodiversidad urbana

martes 07 de junio de 2022, 19:56h

Nuestro experto en botánica callejera, J. Ramón Gómez, recoge unas declaraciones muy esclarecedoras del paisajista francés Gilles Clement en su artículo sobre la ortiga de pelotillas (págs. 52-53): “tuve que olvidar lo que había aprendido, porque lo que me habían enseñado era a matar, solamente a matar, a ir contra los insectos, contra las plantas, contra los topos... El jardinero tradicionalmente funciona por sustracción: el mantenimiento obliga a sacar del terreno las plantas que no se quieren allí.” Habría que añadir que para esa labor de exterminio el mercado ofrece hoy en día todo un arsenal de artefactos a cada cual más ruidoso y molesto, por no hablar de productos tóxicos y peligrosos. Se diría que el gusto actual impone zonas verdes relamidas y controladas, sin que una sola hierbecilla escape del lugar que se le tiene asignado. En tal caso, es inmediatamente erradicada. En la ciudad se impone el cemento y el asfalto, salvo en los reducidos guetos donde está permitida una cierta naturalidad, más decorativa que otra cosa.

Pero las hierbas espontáneas no se rinden nunca. Luchan por su supervivencia y siempre están dispuestas a recuperar el terreno perdido, para desesperación de munícipes, presidentes de comunidades de vecinos y ciudadanos alérgicos al “vientecillo de la libertad”, que diría Sabina. Frente a una profesión tan noble como la del jardinero tradicional, ha surgido una suerte de agente exterminador al servicio de una sociedad poco informada sobre biodiversidad urbana. Saben que su causa está perdida de antemano y que tienen el negocio asegurado, por eso vuelven regularmente con sus herramientas motorizadas para evitar que los hierbajos se apoderen de sus dominios. Y con los hierbajos las hormigas, los mosquitos, las cucarachas y un sinfín de insectos molestos e indeseables.

A mediados del mes de mayo, la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) hizo público un comunicado para denunciar las podas tardías de árboles y arbustos en entornos urbanos justo durante el periodo reproductor de varias aves protegidas por la ley, muchas de ellas insectívoras. También destacaba el uso de herbicidas y plaguicidas en parques, jardines, alcorques, caminos y cunetas, justo donde se refugia la poca biodiversidad capaz de colonizar el desierto urbano. La única solución sería un cambio de criterios en las rutinas de mantenimiento que se vienen aplicando hasta ahora, ya sean públicas o privadas.

Otro ejemplo llamativo lo ha ofrecido el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) de la Universidad de Barcelona. Allí han comprobado que la fauna de mariposas es muy distinta en los parques urbanos y en las playas metropolitanas, debido a que los sistemas dunares acogen una vegetación peculiar que no prospera en el interior de la ciudad y determina la fauna de lepidópteros y otros insectos. Otra vez se impone respetar esos hierbajos que no parecen tener utilidad alguna y que incluso chocan con la idea imperante de un entorno bien atendido. En este mismo número de Quercus también se detallan experiencias recientes destinadas a reintroducir halcones peregrinos en pueblos y ciudades (págs. 12-17).

Todo gira, en fin, alrededor de eso que ha dado en llamarse biodiversidad urbana, que podría ser mucho más variada e interesante de lo que tenemos si dejáramos actuar a la sucesión vegetal y no pusiéramos trabas al impulso arrollador de las temporadas de cría primaverales. Bien lo vimos durante los confinamientos de la pandemia, cuando nos estuvimos quietecitos en casa durante una buena temporada.

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