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El empleo sin control de la hierba de la pampa (Cortaderia selloana) como planta de jardinería en las medianas de las autovías ha llevado a su expansión a muchos antiguos campos de cultivo ahora abandonados. En la fotografía esta planta aparece delante de un eucaliptal, otro ejemplo de invasión biológica (foto: Alejandro Martínez Abraín).
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El empleo sin control de la hierba de la pampa (Cortaderia selloana) como planta de jardinería en las medianas de las autovías ha llevado a su expansión a muchos antiguos campos de cultivo ahora abandonados. En la fotografía esta planta aparece delante de un eucaliptal, otro ejemplo de invasión biológica (foto: Alejandro Martínez Abraín).

La invasión de las plantas como consecuencia del abandono

martes 07 de junio de 2022, 20:05h

A poco que indaguemos, descubriremos el factor humano tras la mayoría de las invasiones biológicas. Hablando de plantas, no somos conscientes de cuánto ha favorecido el abandono del medio rural a numerosas especies exóticas antes manejadas por estar consideradas como útiles y hoy en día en descontrolada expansión.

Por Alejandro Martínez Abraín

La invasión existe como fenómeno. De eso no hay duda alguna. Un lugar en la sierra, cuyo día a día transcurre apenas sin gente entre semana, pero que se llena de vehículos los fines de semana, es un enclave invadido. Una playa sin nadie, que no pasa un día de verano sin estar abarrotada de bañistas y amantes del sol cubiertos con protector solar, es una playa invadida. La invasión puede durar unas horas, unos días, una estación o ciclos anuales completos.

La invasión también existe en el plano biológico. Sin embargo, no es igual de obvio que podamos hablar de “especies invasoras” tan alegremente, porque la invasión biológica muchas veces depende más del contexto que de la propia especie. La misma especie en contextos diferentes puede ser inofensiva o pasar a ser intratable. Así que, en todo caso, podríamos decir que hay especies que “eventualmente se comportan de modo invasivo”. Este lenguaje criminaliza menos a las especies y se fija más en las circunstancias.

AUTOR
Alejandro Martínez Abraín (a.abrain@udc.es), es profesor de ecología en la Universidade da Coruña.

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