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Pececillo de cobre (Archaeognatha) preservado en ámbar cretácico del yacimiento de Peñacerrada I (Burgos). El ejemplar mide menos de 3 milímetros de longitud.
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Pececillo de cobre (Archaeognatha) preservado en ámbar cretácico del yacimiento de Peñacerrada I (Burgos). El ejemplar mide menos de 3 milímetros de longitud.

El suelo del bosque en una gota de resina fósil

lunes 02 de enero de 2023, 17:50h

El ámbar, o resina fósil, preserva en su interior muestras muy bien conservadas de organismos que vivieron hace millones de años. En este caso, nos ocuparemos de la pequeña fauna que habitaba entre la hojarasca de un bosque del Cretácico.

Por Alba Sánchez García

Hace unos 105 millones de años (Ma), en la isla que ahora es la Península Ibérica, una gota de resina, probablemente de una araucariácea, impactaba contra el suelo del bosque atrapando y causando la muerte de los organismos que allí habitaban. Envuelta por la resina que había rezumado de un árbol, la comunidad edáfica encargada del reciclaje de los nutrientes, y necesaria para la continuidad del ecosistema forestal, quedaba preservada para siempre en lo que sería finalmente un pequeño fragmento de ámbar. En definitiva, un valioso testimonio sobre la evolución de estas comunidades. Sucedía esto en el periodo Cretácico, cuando extensos bosques de coníferas como las araucariáceas, aunque también con participación de helechos y cicas, se desarrollaban hasta su estado clímax en un entorno mucho más cálido que el actual y daban albergue a una diversa comunidad de artrópodos.

En este escenario, los bosques de coníferas produjeron grandes cantidades de resina que darían lugar a los depósitos de ámbar. En España tenemos excelentes yacimientos de ámbar y algunos de ellos son de relevancia científica internacional. Del centenar de localidades documentadas, tres destacan por la abundancia de organismos atrapados (bioinclusiones), en su mayoría de artrópodos: Peñacerrada I (Moraza, Burgos), San Just (Utrillas, Teruel) y El Soplao (Rábago, Cantabria), todas ellas de edad Albiense (Cretácico Inferior). Estudiar los artrópodos fósiles es importante porque nos informa sobre un periodo clave en el inicio de los ecosistemas continentales modernos. Fue entonces cuando los bosques dominados por angiospermas sustituyeron a los de gimnospermas y se produjo, por ende, un cambio en cuanto al dominio de ciertos grupos de artrópodos por otros que son comunes hoy en día.

AUTORA
Alba Sánchez García es bióloga y paleontóloga en el Instituto Geológico y Minero de España (CSIC). Sus líneas de investigación se orientan a la taxonomía, la tafonomía y la paleoecología (paleobiología) de los artrópodos terrestres fósiles, particularmente de aquellos grupos relacionados con biotopos acuáticos y edáficos.

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