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Un poco de alivio para Doñana

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
El pasado mes de julio el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente hizo pública una declaración de impacto ambiental desfavorable para la refinería de petróleo proyectada en Los Santos de Maimona (Badajoz). La idea era absolutamente descabellada, así que bienvenido sea el informe en contra de la autoridad competente. El veto se extiende también al oleoducto de casi 200 kilómetros que estaba previsto construir desde la costa onubense hasta el interior de Extremadura, a través de las provincias de Huelva, Sevilla y Badajoz. A nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido levantar una refinería a semejante distancia del puerto marítimo más cercano, pero los caminos de la economía de mercado son también inescrutables. Así que en la decisión del ministerio no ha hecho sino prevalecer el raciocinio.

De todas formas, ¿se habría adoptado la misma postura de no estar inmersos en una crisis económica galopante? Todo apunta a que las causas ambientales ganan fuerza cuando el dinero la pierde y viceversa. Hemos visto tales atrocidades en este país que la Refinería Balboa no habría desentonado mucho. Pero, en tiempos de austeridad e incertidumbre, lo evidente se vende como un gran triunfo de la sensatez ambiental.

Cualquiera que conozca un poco el suroeste español podrá hacerse una idea del destrozo que habrían causado las obras de ese kilométrico oleoducto. Pero lo peor de todo se encuentra en su arranque, a un paso del Parque Nacional de Doñana. A una refinería interior y al inevitable conducto de abastecimiento habría que sumar el trasiego de grandes petroleros a las puertas mismas del más carismático de nuestros espacios naturales protegidos. Las principales organizaciones ecologistas y la Plataforma Ciudadana Refinería No han aplaudido la declaración de impacto negativa, apoyada en un montón de informes técnicos. Aunque no se olvidan de destacar “las fuertes presiones ejercidas por diversos intereses privados y por algunos cargos públicos para que la refinería saliera adelante, en especial por parte del Gobierno extremeño”, lo que ha retrasado cinco años la resolución.

Tres de estas mismas organizaciones, Ecologistas en Acción, SEO/BirdLife y WWF-España, han aprovechado los buenos vientos que soplan para solicitar al ministro Arias Cañete que desestime de paso el polémico dragado del río Guadalquivir entre su desembocadura y el puerto fluvial de Sevilla, petición que viene avalada asimismo por una abundante documentación técnica del CSIC y de la Comisión Científica creada a tal efecto. Es posible que dichas obras tampoco se lleven a término, más por falta de recursos financieros que por verdadero interés en recuperar el estuario del Guadalquivir, otro espacio integrado en el entorno de Doñana. La reclamación se hace extensiva a la Autoridad Portuaria de Sevilla, a la Junta de Andalucía y a su presidente, José Antonio Griñán, que son los actores principales del drama.

En este número de Quercus valoramos el estado de conservación del Corredor Verde del Guadiamar catorce años después del vertido tóxico de Aznalcóllar (págs. 36-44), una amenaza más, la de la minería, que se hizo patente en la comarca de Doñana. Desde luego, otro gallo nos cantaría si se hubiera aplicado la misma diligencia y el mismo esfuerzo a proteger las marismas del Guadalquivir que a empeñarse en rodearlas de graves amenazas.

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