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Varias vacas descansan en la veiga de Gomareite, en terrenos de la antigua laguna de Antela, en la provincia de Ourense (foto: Serafín Jesús González Prieto).
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Varias vacas descansan en la veiga de Gomareite, en terrenos de la antigua laguna de Antela, en la provincia de Ourense (foto: Serafín Jesús González Prieto).

Recuperar La Janda, Antela y La Nava: tenemos una oportunidad histórica

domingo 30 de mayo de 2021, 21:39h
Entre los humedales destruidos o gravemente alterados en España resuenan especialmente en la memoria colectiva las grandes lagunas interiores de La Janda (Cádiz), Antela (Ourense) y La Nava (Palencia). Los fondos de la UE brindan una oportunidad histórica para recuperarlas y reactivar la economía de sus respectivas comarcas.

Por Asociación de Amigos de la Laguna de la Janda, Sociedade Galega de Historia Natural y Asociación de Naturalistas Palentinos

La historia de los humedales españoles está marcada por los reiterados esfuerzos para desecarlos. Este arduo trabajo llevó a la desaparición de más del 60% de nuestras zonas húmedas durante el siglo pasado. Considerados como lugares “insalubres e improductivos”, otros muchos humedales han sido deteriorados severamente a causa de políticas desarrollistas y transformaciones agrícolas. Dentro de este largo listado de paraísos perdidos, La Janda, Antela y La Nava, las tres grandes lagunas interiores de la Península Ibérica desecadas a mediados del siglo XX, eran el alma del paisaje de sus respectivas comarcas, en las provincias de Cádiz, Ourense y Palencia.

La desaparición de estos humedales emblemáticos supuso la pérdida de tres puntos estratégicos en la cría y migración de las aves, destruyendo hábitats muy escasos y amenazados en Europa, como son las lagunas esteparias y temporales. En La Janda no volvió a criar la grulla común (Grus grus), La Nava dejó de ser el principal reducto de invernada del ánsar campestre (Anser fabalis) y con Antela desaparecieron de Galicia diez especies de aves, aparte de resultar diezmadas las poblaciones de dos especies de plantas muy amenazadas.

Además de desastres ecológicos, estos tres expolios han significado para las comarcas afectadas un agravio histórico pendiente de reparación. La prevista reactivación económica local tras la desecación de las lagunas nunca se produjo. Lo atestiguan los datos demográficos de las comarcas de Antela y La Nava: han perdido más del 50% de sus habitantes desde que se drenaron las lagunas.

Las administraciones implicadas deben dar un paso al frente
A la crisis climática y ambiental actual se ha sumado la enorme recesión económica causada por la pandemia, lo cual obliga a abordar perentoriamente la forma de gestionar los recursos económicos y naturales. El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía Española, aprobado por el Consejo de Ministros el pasado 27 de abril y enviado a Bruselas tres días más tarde para su evaluación, recoge diez políticas de reforma estructural para un crecimiento sostenible, basadas en directrices orientadas a conseguir una España verde, digital, sin brechas de género, cohesionada e inclusiva. Para ponerlo en marcha, el gobierno dispondrá entre 2021 y 2026 de un presupuesto de 140.000 millones de euros del fondo Next Generation de la Unión Europea (UE).

El plan recoge explícitamente la necesidad de ejecutar proyectos de restauración de ecosistemas y su biodiversidad, “movilizando inversiones en infraestructura verde, para favorecer la conectividad ecológica e impulsar programas de restauración de la naturaleza destinados a aumentar la diversidad biológica y sus servicios”.

Se trata de una oportunidad única para acometer en los próximos cuatro años proyectos verdaderamente transformadores. Entre ellos consideramos una prioridad la recuperación de los tres humedales históricos a los que dedicamos este artículo. Su restauración no es un proyecto utópico. Las indispensables obras de ingeniería son sencillas, económicamente asumibles y con un rápido retorno de la inversión. Para ejecutarlas tan sólo se precisa una visión compartida, decisión y la colaboración de todas las administraciones implicadas.

Aunque la situación actual de cada humedal es diferente, los pasos ya dados en ellos confluyen en un mismo objetivo: recobrarlos a corto plazo ejecutando las actuaciones necesarias. De hecho, existe un proyecto de recuperación de La Nava redactado por la Confederación Hidrográfica del Duero e incorporado al Plan Hidrológico Nacional, lo cual significa un compromiso ineludible a la hora de ejecutarlo por parte del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Aunque los terrenos de La Janda están siendo ocupados por particulares para su aprovechamiento agrario, no han perdido su estatus legal de zona de dominio público, lo que permite de facto la recuperación del humedal cuando la voluntad política así lo decida. Y el caso de Antela es parecido, pues además de un estudio hidrológico-ambiental de la antes llamada Confederación Hidrográfica del Norte, ya hay un proyecto en marcha para recuperar una pequeña parte del humedal, muestra del cada vez mayor interés social por su regeneración.

Un nuevo ‘efecto Guggenheim’
La restauración de humedales no es una mera reivindicación ecologista, sino una exigencia europea recogida en la Estrategia sobre Biodiversidad para 2030, cuyos objetivos son recuperar los ecosistemas degradados de toda la UE que se encuentren en mal estado o convertir al menos el 30% de la superficie terrestre y el 30% de la superficie marina de Europa en zonas protegidas gestionadas de manera eficaz.

Aunque en España contamos ya con modestas experiencias restaurando humedales, lo que estamos reivindicando ahora es la ejecución de tres proyectos cuyas superficies respectivas serían similares en cada caso a la del Parque Nacional de Tablas de Daimiel, los cuales tendrían garantizados los recursos hídricos y acogerían en conjunto a más de 150.000 aves invernantes.

Dada la magnitud de cada una de estas tres restauraciones paisajísticas podríamos decir que en sus respectivas zonas sería el equivalente ambiental del efecto Guggenheim que supuso la apertura de este museo de arte contemporáneo en Bilbao en 1997. Recuperar las tres grandes lagunas conllevaría una reactivación socioeconómica sin precedentes en sus respectivas comarcas, imposible de conseguir con las políticas actuales. El caso de la comarca de Doñana, con cientos de puestos de trabajo creados y millones de euros anuales generados por el turismo de naturaleza, es el ejemplo a seguir.

Los servicios ecosistémicos que aportan los humedales han sido evaluados en 21.344 euros por hectárea y año (1). Por lo tanto, la recuperación integral de las tres grandes lagunas generaría un valor económico que superaría ampliamente los doscientos millones de euros anuales. Tampoco hay que olvidar que prestarían un gran servicio en la lucha contra la crisis climática, por su capacidad de captura y confinamiento seguro del carbono atmosférico. Los humedales alcanzan la densidad de carbono más alta entre los ecosistemas terrestres y contienen el 20-25% del carbono orgánico del suelo del mundo, por lo que juegan un papel muy superior al prestado por los bosques y otros hábitats terrestres.

Estamos ante una oportunidad histórica que difícilmente se repetirá. Ahora es el momento de políticos con visión de futuro, capaces de comprender que la recuperación de estas lagunas supondrá una transformación económica, social y ecológica que permitirá cumplir con los objetivos planificados por el gobierno y la UE. En sus manos está revertir esta situación y escribir con letras mayúsculas un punto de inflexión histórico en la restauración de los ecosistemas lacustres en Europa.

Bibliografía
(1) Mitsch, W. J.; Bernal, B. Y Hernández, M. E. (2015). Ecosystem services of wetlands. International Journal of Biodiversity Science, Ecosystem Services & Management, 11 (1): 1-4.

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