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Junio - 2020    16 de abril de 2024

Editorial

Agosto. Pleno verano. Incendios. Una idea lleva a la otra. Como todos los años por estas fechas, toca hablar del fuego. Hay una triada que favorece su aparición: altas temperaturas, escasez de lluvias y fuerte viento. Cuando estos tres factores coinciden, es muy probable que se produzca un incendio forestal, ya sea por accidente, por negligencia o por causas naturales. Evidentemente, los pirómanos saben que tendrán más éxito si cometen sus tropelías bajo tales circunstancias. Un éxito que se mide en hectáreas arrasadas, suelos empobrecidos, daños materiales y, en ocasiones, vidas humanas. Bastante lo sabemos.

La prensa y los informativos se hacen eco rápidamente de estos sucesos. Veremos a periodistas ante un pinar calcinado, vecinos desalojados, alcaldes, bomberos, retenes a pie y espectaculares imágenes de hidroaviones y helicópteros esparciendo su carga de agua sobre las llamas. Vuelve a ser noticia algo que nunca deja de serlo, a pesar de las repeticiones. Como los atascos de tráfico y las fiestas populares. Verano.

Al cierre de este número de Quercus, WWF España había recogido ya 15.634 firmas en apoyo de la declaración del Mar de las Calmas, situado frente a la isla de El Hierro, como el primer parque nacional exclusivamente marino de nuestro país. La actual red de parques incluye dos espacios marítimo-terrestres, Cabrera y las Islas Atlánticas de Galicia, pero aún no cuenta con ninguno dedicado por entero al mar. Podría haber otros candidatos, cierto, pero ninguno con un nombre tan hermoso como el Mar de las Calmas.

La propia isla de El Hierro sirve de parapeto a los insistentes vientos alisios y sus aguas tienen la particularidad de ser una encrucijada entre el litoral y el océano abierto, entre las especies subtropicales y las norteñas. El edificio volcánico de El Hierro cae a pico bajo el mar, sin apenas plataforma continental, y de ahí que sean tan abundantes algunos cetáceos, como zifios y cachalotes, que suelen encontrarse bastante más alejados de la costa. Para remate, puede que sus aguas estén en calma, pero bajo ellas late una insólita actividad volcánica, como pudimos comprobar a raíz de las famosas erupciones del año 2011 al sur de La Restinga. Unas emanaciones gaseosas submarinas que albergan peculiarísimas comunidades vivas. ¿Hacen falta más razones para que el Mar de las Calmas se convierta rápidamente en un nuevo parque nacional?

El pasado mes de abril se confirmó que la almeja asiática (Corbicula fluminea), un bivalvo de agua dulce exótico, había alcanzado el Embalse del Ebro. Concretamente, fue hallada a orillas de La Población de Yuso, situada en tierras cántabras. La primera colonia del río Ebro fue detectada en el embalse zaragozano de Mequinenza en 2002. Así pues, ha tardado apenas quince años en llegar casi hasta su cabecera y hoy en día se considera extendida por toda la cuenca hidrográfica, incluido el Canal Imperial de Aragón. Un avance a todas luces fulgurante. Como buena especie invasora, la almeja asiática es de crecimiento rápido, alcanza muy pronto la madurez sexual, tiene altas tasas de fecundidad y su ciclo vital es corto. Vamos, que cuenta con un auténtico arsenal a su disposición.

Sabemos de sobra que editar una revista tiene sus riesgos y que es imposible dejar contento a todo el mundo. Procuramos, eso sí, ser honestos con nuestro trabajo y no meternos en más charcos de los necesarios. Debería ser suficiente para evitar malentendidos e incluso maledicencias. Pero no lo es. Así que no nos queda otro remedio que dejar por escrito, una vez más, cuáles son las líneas maestras de Quercus.

En primer lugar, ha sido siempre una publicación independiente. Su viabilidad nunca ha estado sujeta a ayudas y subvenciones, ni siquiera a los ingresos por publicidad, y ya se sabe que organismos públicos y anunciantes son los primeros sospechosos a la hora de obtener prebendas. El que paga suele exigir algo a cambio de su dinero y por eso hemos sido muy cuidadosos con los caudales ajenos, no fuera que estuvieran envenenados. Por fortuna, desde hace más de 35 años, Quercus se sostiene con el simple apoyo de sus lectores, lo que es una enorme ventaja. Sobre todo, porque nos concede una posición de partida ganadora cuando se trata de negociar asuntos que bordean lo que nos hemos marcado como admisible.

Hace pocas semanas nos quedamos acalambrados al saber que toda aquella pequeña fauna de saltamontes, grillos y chicharras, fieles acompañantes de nuestras andanzas campestres, está sumida en su propia primavera silenciosa. En efecto, un informe de la Comisión Europea ha sacudido de golpe nuestras ensoñaciones de un pasado más bucólico para colocarnos frente a la cruda realidad: una cuarta parte de las especies que componen la fauna europea de ortópteros está amenazada a causa de la intensificación de la agricultura. Una alerta que nos confirma esa sensación compartida por muchos otros colegas de que, en algún fatídico momento, ese bullicioso y omnipresente cortejo de invertebrados había dejado de saltar y cantar a nuestro alrededor.

Ni que decir tiene que los ortópteros vienen a ser como un maná para multitud de aves y otros pequeños depredadores vinculados a los ecosistemas agrarios, quienes tampoco pasan por su mejor momento. No es casualidad que primillas y sisones, por poner dos ejemplos bien conocidos por los lectores de Quercus, anden también de capa caída.

Hay ocasiones que nos proporcionan un buen termómetro para medir la temperatura y el grado de compromiso de una sociedad cuando lo que se ventila es la conservación de la biodiversidad. El domingo 12 de marzo se presenta una de ellas: la manifestación Lobo Vivo, Lobo Protegido, segunda convocatoria consecutiva tras el éxito cosechado el año pasado. La Puerta del Sol madrileña volverá a ser un escenario propicio para todos aquellos que quieran levantar su voz en defensa de una especie tan totémica como el lobo. Desde Quercus damos un apoyo incondicional a esta iniciativa y animamos a los lectores para que la secunden si llegan a tiempo de leer estas líneas. El año pasado fuimos más de 20.000 personas y ahora toca coger impulso y establecer un nuevo récord.

La Junta de Castilla y León, con el visto bueno del Ministerio de Agricultura, ha aprobado la aplicación excepcional de bromadiolona durante los primeros meses de 2017 para luchar contra las plagas periódicas de topillo campesino. Parece que esta vez los tratamientos van a ser puntuales y selectivos, aunque en temporadas anteriores se optara por sembrar indiscriminadamente de veneno los campos. Con escasos resultados prácticos y, todo hay que decirlo, importantes secuelas ambientales.

¿La decisión afecta a todos los cultivos? En teoría sólo a aquellos donde los topillos representan un riesgo para la cosecha. ¿Y cuáles son esos cultivos? Pues precisamente los de regadío. Quizá convenga recordar aquí que topillos campesinos ha habido siempre, aunque estaban recluidos en las zonas de montaña. Ha sido la agricultura de regadío la que les ha abierto las puertas antes cerradas de la llanura. Cuando la ancha Castilla se dedicaba al secano no nos enfrentábamos a tales problemas.

Con lo difícil que resulta declarar un solo parque nacional, parece mentira que los europeos nos pusiéramos de acuerdo hace 25 años para crear el mayor entramado planetario de espacios protegidos: la Red Natura 2000. Hoy cubre el 18% de la Unión Europea, es decir, más de un millón de kilómetros cuadrados, y también alrededor del 6% de sus mares. Tras unos meses de preocupación e incertidumbre, a mediados de diciembre asistimos a otro hito de la política ambiental: el reciente visto bueno de la Comisión Europea a mantener sin retoques las directivas de Aves y de Hábitats, las dos leyes que protegen la naturaleza y otorgan legitimidad jurídica a la Red Natura 2000.

Con este ejemplar que tenéis en las manos, la revista Quercus cumple 35 años de andadura editorial. Fue en diciembre de 1981 cuando aquella lechuza pionera, con un ratoncillo en el pico, se asomó por primera vez a los quioscos de toda España. Hoy seguramente se habría convertido en un fenómeno viral. Dentro de un orden, pero viral. La verdad es que 35 años apenas son nada para los plazos que acostumbra a manejar la naturaleza, pero resultan bastantes si se consideran desde una perspectiva humana. Y muchísimos cuando se trata de una revista impresa que aún colea en un entorno crecientemente digital. La propia lechuza del primer número de Quercus puede ayudarnos a calibrar los cambios.

Parece mentira cómo pasa el tiempo. En este mes de noviembre, dos organizaciones bien conocidas por los lectores de Quercus celebran sus respectivos aniversarios. La Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM) cumple 25 años. Que no son nada… Comparados con los 40 de las distintas formaciones que desembocaron finalmente en Ecologistas en Acción. Cambió el nombre, sí, pero siguieron muchos de sus militantes y, sobre todo, mantuvo el compromiso de buscar fórmulas novedosas para armonizar la evolución cultural humana con el resto de la biosfera (dicho así, no parece haber objetivo más ambicioso). Primero fue la histórica Asociación de Estudios y Protección de la Naturaleza (Aepden) y luego la Asociación Ecologista de Defensa de la Naturaleza (Aedenat). A las que se unieron después muchos otros colectivos hasta formar una de las cinco grandes ONG ambientales de la actualidad en nuestro país. Aquella sede compartida de Madrid, en el número 13 de la calle Campomanes, debería conservarse como un museo de los primeros pasos del ecologismo en la España de la transición. Una puerta, por cierto, que también se abrió de forma decisiva para la revista Quercus.

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